Nie zrozumieliście mnie! Urugwajski minister broni swych słow o Chrystusie.


Odpowiedź urugwajskiego minista obrony, Eleuterio Fernándeza Huidobro, na list biskupa Jaime Fuentesa, który był reakcją kościelnego hierarchy na kontrowersyjną wypowiedź szefa resortu obrony o Jezusie Chrystusie i wybaczaniu.

 

Carta de respuesta al Sr. Obispo Jaime Fuentes.

Mi muy estimado ex alumno marista (y por ende ex compañero) Don Jaime Fuentes.

Con motivo de algunas de mis palabras pronunciadas en el reciente „Almuerzo de ADM” tuve el honor de que no solo te acordaras por fin de mí sino también de mis humildes opiniones. De verdad: muchísimas gracias.

Debo informarte que mi conferencia versó sobre otros asuntos de los que lamentablemente veo que no te ocupas. No tienes por qué ni cómo: la prensa no te informó acerca de ello (salvo el periódico „La Diaria”).

Te lo aviso como ayuda para comprender que a veces en vez de informarnos, nos desinforman cuidadosamente.

Las escasas frases mías generosamente publicitadas por todos los medios estuvieron referidas a la respuesta a la consabida pregunta que algún comensal hizo llegar al „Panel”: ¿Cuándo iba a pedir perdón?

Nada que ver con el tema, pero pregunta esperable por archisabida, repetida hasta el cansancio, y contestada como siempre.

Parece ser que lo que importa es, por sobre todo, lo que „vende”. Las reflexiones de fondo, tan discutibles, no interesan ni se debe permitir que interesen. A la gente hay que distraerla con otras cosas…

Pero vayamos al grano: tú afirmas que mi lunfardo (el lunfardo) referido a Jesús, me jugó en contra.

Sospecho, por eso mismo, que sabes muy poco de lunfardo.

Sin ir más lejos, la palabra „gil” tan utilizada en los tangos denota siempre un homenaje a la honestidad y a la bondad (es imposible ignorarlo).

En „Las Cuarenta” (Francisco Gorrindo) se culmina: „no pensar ni equivocado si al final igual se vive: Y además corrés el riesgo, de que te bauticen Gil”.

En „Fangal” (Discépolo) se dice: „Fui un gil porque creí que allí inventé el honor. Un gil que alzó un tomate y lo creyó una flor. Y sigo gil cuando presumo que salvé el amor…”.

En „Cambalache” (¡nada menos!) se reza, además de lo referido a la Biblia pinchada por un sable sin remache junto a un calefón, ese formidable aforismo cristiano: „el que no llora no mama y el que no afana es un gil”. En „Tortazos” (Enrique Maroni) se dice: „si será gil ese gil que creyó en tu aristocracia, vos sos la Ñata Pancracia…”

En el tango „Tres Esperanzas” (Discépolo) se dice ” No ves que estoy en yanta y bandeao por ser un gil…” Y más adelante: ¡”Las cosas que he soñao, me cache en die, qué gil!”

Ninguno de estos grandes poetas mundiales, que le hicieran cantar al mundo esos poemas en varios idiomas, entendió ni por asomo que „gil” quería decir malo, malvado o estúpido.

En la jerga de los delincuentes, „gil” es el vecino honesto y trabajador.

Es la misma „jerga” más o menos abrillantada, que utilizan las Agencias de Publicidad cuando proponen ser un „ganador” sea como sea, el „hacé la tuya” y el „no te metás”. En fin: ahogar el amor en la sopa, „gil” es el que no se sube a eso.

Hay un libro en Uruguay llamado „Los nabos de siempre” (Tomás Linn, ex PDC): sería el colmo acusarlo de insultarnos a todos.

Como cuesta creer que un cura uruguayo (y además Obispo) no haya escuchado mucho tango (o por lo menos bastante), solo resta sospechar querido Jaime que no le has prestado atención a las letras ni a su contexto y es nada más que por ello que enardeces contra mí.

Antes de seguir adelante intentando satisfacerte como es debido, debo confesarte que con el tiempo y la vida fui lentamente dejando de ser marista (como parece que sigues siendo tú) para irme afiliando medio a salesiano (anti Cotugno que por tristísima deshonra lo es y por mayor desgracia Arzobispo), medio a jesuita y medio a franciscano. A según… Como ves tengo posición sobre tu feroz „interna”… No vayas a creer que no la conozco ni tampoco que no la estudio: es apasionante.

Debe ser tal vez por ello que mi relación personal con Jesús (estuve quince años en el Desierto para tenerla sin interferencias mundanas salvo las consabidas del Diablo) fue siempre de tú a Tú. El me dice Ñato y yo le digo Flaco. Te guste o no: se trata de un asunto personal que reivindico.

Tengo otro compañerazo, santo pecador y católico ejemplar, al que sin embargo le faltan muchos dientes, que le dice „Palito” a Jesús. Y así se entienden entre ambos. Dan Testimonio sin bulla.

Entre gente pobre es el único lenguaje posible para entenderse. Y entre pecadores también porque al fin de cuentas somos una extraordinaria organización mundial de eso.

Conozco a muchos curas y hasta tengo parientas monjas que carajean y putean mucho mejor que yo (lo que envidio).

Cosa muy extraña querido Jaime: luego del almuerzo de marras, recibí cantidad de felicitaciones de „esos” curas y „esas” monjas. La única nota discordante al respecto la has dado tú… Y Lacalle. Dios nos libre insinuar que eres la misma cosa: solo te constato la muy perjudicial coincidencia.

No quiero para ti ni para nadie, y menos siendo un compañero de escuela y de liceo, la desgracia de pertenecer a una Iglesia ultramontana y fascista: es lo peor que hay: colgada de la Cruz, como dice otro tango, fue y es el mismísimo Demonio.

Por eso debo decirte que el famoso grito ¡Viva Cristo Rey! que nos hacían gritar todos los días al salir de la escuela en el Colegio y Liceo Santa María de los Hermanos Maristas, a infantes, niños, y adolescentes, allá por la década de los cuarenta y los cincuenta, y que me recomiendas aún hoy, es un ultraconocido y reconocido grito fascista. O sea: recontrapolítico. Nos hacían gritar una consigna nazi sin saber que lo era. Y tú me la recomiendas en el 2012…

Puedes averiguarlo fácilmente.

Yo lo averigüé poco después, hace añares, pero parece que tú no te has enterado ni en sesenta años.

Te lo aviso por eso: se ve que no prestas demasiado atención a las „letras” y muchísimo menos a su contexto. No creo, tengo fe en ti, que seas fascista.

Por lo tanto y en confidencia fraternal: no lo grites más. ¡Te incendias!. Das vergüenza ajena. Puedes resultar tan impresentable como Lacalle.

¡Felices Pascuas!

Eleuterio Fernández Huidobro.




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